domingo, 24 de marzo de 2013

Jugando con fuego en Chipre


    En un ejercicio de soberanía democrática, el Parlamento de Chipre ha decidido rechazar el programa de medidas que, de manera más o menos explícita, la Troika (Comisión Europa, Banco Central Europeo y FMI), le había obligado a aprobar como condición indispensable para recibir la ayuda que precisa su banca y evitar la situación de insolvencia.

    En esta ocasión, a las consabidas medidas de recortes sociales y reducción drástica del déficit, se había añadido una nueva y absolutamente inesperada: penalizar los depósitos de los clientes en los bancos chipriotas con reducciones entre casi un 7 y un 10%. Unas medidas como ésas, de aplicarse, dañarían la confianza en el sistema bancario de la Eurozona y aumentaría la presión financiera sobre el Sur de Europa.

  Las consecuencias al rechazo del Parlamento chipriota han sido inmediatas: los mercados bursátiles, en guardia; y la inquietud sobre un empeoramiento de la crisis en la Unión Europea se reaviva.

    La idea de que se puede infligir un castigo ejemplarizante a un país como Chipre, cuyos depósitos bancarios representan solo el 0,2% del total de la UE, sin consecuencias para el resto, o al menos para los que imponen las medidas, es temeraria. En Asia, la crisis en 1997 que empezó en una pequeña economía, Tailandia, propició un efecto dominó que terminó afectando a docenas de países que se creían a salvo de riesgos económicos. Primero fueron Malasia, Indonesia y Filipinas y les siguieron Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur e incluso Japón.

    La permisividad hacia el casi paraíso fiscal en el que se había convertido Chipre por conveniencia de la voracidad especuladora de los mercados, no puede ahora dar paso a unas medidas tan drásticas, generando un grave riesgo a quienes no se beneficiaron de esas desrregulaciones y pueda terminar afectando a millones de ciudadanos de muchos países del Sur de Europa.

    Estremece ver con la ligereza y la improvisación que se están tomando decisiones en el seno de la Troika, no ya sin considerar el sacrificio que suponen para millones de ciudadanos a los que afecta gravemente, sino despreciando los riesgos globales que generan y que están comprometiendo a toda la Unión.

  En todo esto se ve la necesidad de exigir un comportamiento democrático a los organismos como los de la Troika que, al margen de parlamentos y gobiernos, es decir, que no responden ante los ciudadanos, están tomando decisiones que afectan a la vida cotidiana de millones de europeos. Es el momento de que las instituciones democráticas europeas lo impidan.


Andalucía, 24 de marzo de 2013
Manuel Gracia Navarro
Presidente del Parlamento de Andalucía

2 comentarios:

  1. Las instituciones europeas están unidas para dejarnos a todos en la ruina y seguir ellos con su vida de marqueses. ¡Qué poca vergüenza!

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  2. Sorprende el escaso protagonismo del Parlamento Europeo ante las medidas que adopta casi a bocajarro la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. El año que viene, 2014, se celebran las elecciones al Parlamento Europeo y habrá que empezar a prepararlas con tiempo para que la participación no baje a niveles ridículos.

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