domingo, 30 de noviembre de 2014

Tribuna Andalucía: Sociedad, Política y Actualidad


     Me van a permitir que en estas líneas, y en el vídeo que las acompañan, haga una serie de reflexiones que arranquen con una declaración muy clara que me parece esencial en estos tiempos que vivimos: Defiendo y apoyo la Constitución de 1978, el conjunto de instituciones representativas que emanan de ella y los innegables logros económicos, sociales y culturales que el pueblo español ha conseguido en el período más largo de toda su Historia en democracia y en paz.

     Considero tan importante esta primera afirmación, que fue el eje de mi intervención en el Forum Europa Tribuna Andalucía esta semana ante más de 200 personas, porque sin la citada Constitución y lo que trajo consigo no sería posible el acceso universal a la sanidad pública, el derecho a la educación ejercido por toda la ciudadanía, el sistema de pensiones, los derechos y libertades, etc...

     Y todo esto es porque creo que hay quienes, aprovechando el profundo malestar social causado por la crisis económica, y la vergüenza e indignación que provocan los casos de corrupción, califican a nuestro sistema institucional de “régimen”, le atribuyen la responsabilidad de nuestros males presentes, y propugnan un proceso de ruptura hacia no se sabe dónde que nos llevaría como por arte de magia hacia un futuro mejor. La Transición, y el consenso que hizo posible la Constitución, son menospreciados, como una especie de traición al pueblo, y como causa más o menos lejana de todos los problemas que tenemos hoy.

     Pues bien, quiero decir alto y claro que me siento orgulloso de haber formado parte de todo aquello, de haber intervenido en el debate y aprobación de la Constitución, de haber renunciado a algunas de mis posiciones políticas para hacer posible que la lucha de miles de hombres y mujeres que sufrieron persecución y exilio -cuando no la muerte- no fuera en vano, de haber contribuido con mi granito de arena a que España tuviera un sistema político democrático después de 40 años de dictadura; sistema que es, justamente, el que hace posible que quienes lo quieren destruir puedan defender libremente sus ideas y aspiren a obtener el poder.

     Soy, supongo que no es ninguna sorpresa, un profundo defensor de la democracia parlamentaria y del principio de representación en el que se sustenta; creo firmemente en la inviabilidad de su sustitución por cualquier otro sistema, porque es el único que garantiza la igualdad radical de todos los ciudadanos y ciudadanas en el poder del voto. ¿Significa todo lo dicho que me siento totalmente satisfecho con lo conseguido, con el actual estado de lo que podríamos llamar “la cosa pública”? Evidentemente, no. 

    Casi nadie duda de que vivimos en estos tiempos una crisis de confianza de la ciudadanía hacia nuestro sistema político. Así lo señalan los datos de los estudios de opinión que, una y otra vez, colocan a “los políticos”, “la política” y los partidos políticos como una de sus tres primeras preocupaciones, por delante de la exclusión social, de la sanidad pública o de la educación. Pero la crisis de la política es, sobre todo, una crisis de confianza, de ruptura de la confianza entre el representante y los representados y, al contrario, entre los representados y sus representantes.

     Con estas líneas, y con este vídeo -y otros complementarios que vendrán-, intento arrojar luz desde mi punto de vista sobre los retos de la sociedad en la actualidad en materia de política y otras áreas de interés para toda la ciudadanía. Te invito a leer y a dejar tu comentario.

Andalucía, 30 de noviembre de 2014
Manuel Gracia Navarro
Presidente del Parlamento de Andalucía

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